Psicooncóloga sí, ¡pero ahora mucho mejor!

Actualizado: 17 nov 2021

Escrito Por: Mónica Acosta

Psicooncóloga de Psiconutrición oncológica


psicología oncológica
Psicooncóloga

Esto ocurrió hace cinco años ya… la multiplicidad de eventos ocurriéndome a la vez, labraron un camino que me llevó a darle un vuelco a mis intervenciones como Psicooncóloga, encontrando maneras mas profundas de ayudar a sanar, incluso mas allá de las emociones.


Eventos intensos, a veces corrientes a la luz de quien no lo ha vivido o quien ha tenido que minimizar su dolor, me llevaron a buscar lo que yo consideré “que valga la pena”. La pena de ver a mis hijas, una de 5 meses y otra de 5 años, tan solo una hora diaria en medio del afán y el cansancio de trabajar todo el día. Y la pena de descubrir que mi esposo tenía un cáncer y que no lo podía dejar solo en ningún aspecto y el económico no podía ser la excepción.


Una experiencia de casi 10 años en ese momento, como Psicooncóloga y otras enfermedades crónicas, me llevaban a preguntarme qué mas puedo hacer por ellos?. Cómo ayudarles a sanar un poco mas su sufrimiento… cómo logro que todo el esfuerzo, el de ellos y el mío, “valgan la pena”…


La tarea empezó conmigo misma, reconociéndome como parte activa, de una sociedad avasallada por la rabia, el dolor y la desesperanza; la fuerza sanadora de la naturaleza y la espiritualidad, me ayudaron a ir soltando esos sentimientos, que aunque no los había visto, estaban allí y con mucha frecuencia eran mi alimento. Al conducir o al entrar al Transmilenio, me enfrascaba en luchas mentales o reales, por todo lo que creía injusto…


… definitivamente quería cambios! …buscando mejorar la calidad de vida de las personas que se encontraban en quimioterapia y que presentaban náuseas como reacción al tratamiento, resultándoles muy desagradables y que a veces era un motivo para considerar su deserción. Y aunque las técnicas psicológicas son de ayuda para estos casos, deseaba que fuesen más rápidas y efectivas. La hipnosis fue una posibilidad, que resultó muy específica, pues aunque los pacientes ya no experimentaban este síntoma, el dolor en su alma, continuaba intacto. Sanar el síntoma de hoy, no era suficiente. Y esto era lo yo había estado haciendo durante varios años. No digo que estuviera mal, pero caía cada vez más en cuenta de que no era suficiente.


En mis pacientes había dolor, el de la enfermedad era sin duda una parte, pero había mucho más en el silencio de sus historias. No era un dolor reciente. Llevaban con él, desde hacía muchos años, usualmente desde sus primeros años de vida y aún lo sentían y aún lo vivían o lo revivían en sus nuevas historias pero con mismos finales. Finales de abandono, de abuso, de maltrato, de soledad, de tristeza, de silencio, de sumisión y rabia.


Así que enfaticé sus historias en los procesos psicoterapéuticos. Buscamos los momentos donde por primera vez perdieron su capacidad de elegir, de sentir, de expresar sus necesidades, de decir NO y que abrieron el camino para que desde entonces fuese así. Volvimos sobre esos instantes, aquellos que se guardaron tan bajo llave que terminaron olvidados o de lo que nunca se habló así hoy estuvieran tan presentes. Mis pacientes pudieron llorar, lo que habían tenido que contener; pudieron soltar tanta rabia acumulada, sin sentirse culpables al hacerlo; pudieron reconocer las conclusiones y acuerdos consigo mismos que crearon, cuando tuvieron un hecho doloroso a temprana edad y no hubo nadie receptivo y protector con quien hablarlo. Y algo mas, pudieron crear finales diferentes, ya no amargos, que se dejaron allí como semillas, para nuevas y mejores cosechas.


Los efectos fueron más allá de lo esperado. Temas que consideraba como situaciones perdidas, como tabaquismo de muchas décadas, consumo de drogas, personas con cánceres avanzados, mejoraron. Dejando las ataduras de sus vicios. Se incrementó su calidad de vida ante la enfermedad. No hablo de curas milagrosas… hablo de ayudarles a rescatar los momentos y las emociones que nunca habían sido. De sentirse mas libres y livianos con quienes eran y de comprometerse con no hacerse más daño.


Que si ha valido “la pena”? pues diré que dejó de ser “pena” tener que elegir, porque ya no tuve que elegir, entre quedarme a ayudar a crecer a mis hijas, seguir siendo el apoyo que mi esposo necesita y mi profesión de Psicooncóloga… logré encontrar mayor equilibrio, entre lo que me gusta y disfruto. Aún no es perfecto, pero de eso se trata la vida… de ir evolucionando.

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